JUAN AGUSTÍN DE ESPINOZA S.J.

El Archivo Histórico de la Ibero Torreón adoptó el nombre del jesuita Juan Agustín de Espinoza, por ser uno de los fundadores de las misiones de Parras y de la Laguna, espacio que hoy es nuestro hábitat.

UN JESUITA ZACATECANO

Juan Agustín de Espinoza nació en 1566 en Real de Minas de Zacatecas, 1Charles O’Neill, SJ y Joaquín Ma. Domínguez, SJ (directores). Diccionario histórico de la Compañía de JesúsBiográfico-Temático. Tomo I. Institutum Historicum, SJ, Universidad Pontificia de Comillas, 2001, p. 25. apenas cinco años antes de que la Compañía de Jesús pisara tierra mexicana, en 1572. 2David Hernández García. “Agustín de Espinoza, SJ. Identidad regional y globalización”. Acequias 19, 2002, p. 2. http://www.lag.uia.mx/publico/publicaciones/acequias/acequias19/a19p6agustin.html Resulta difícil saber cómo se dio el contacto entre Juan Agustín y miembros de la Compañía de Jesús, pero según los datos que proporcionan los mismos jesuitas, 3 Charles O´Neill, SJ y Joaquín Ma. Domínguez, SJ, Op. Cit. el zacatecano entró al noviciado ya con su formación completa en Humanidades. En esta institución cursó la filosofía, entre 1586 y 1589, y luego la teología, con sede en el Colegio de San Pedro y San Pablo de México, entre 1589 y 1593. Al finalizar este periodo, en diciembre, se ordenó como sacerdote jesuita. 4 Ibidem. Tenía para entonces 27 años.

DE MISIÓN, HACIA EL NORTE

Los jesuitas comenzaron a abrir su misión hacia el norte, alrededor del año en que Espinoza tomó los hábitos. 5 Delfina E. López Sarrelangue. “Las misiones jesuitas de Sonora y Sinaloa, base de la colonización de Baja California. Estudios de Historia Novohispana, Vol. 2, Núm. 2, 1968, p.7.  En esta zona no habían incursionado otros religiosos, ni tampoco se habían realizado esfuerzos colonizadores por “…la largura de las distancias que, naturalmente, disminuía el vigor humano, y la carencia de núcleos culturales capaces de absorber las formas cristianas de la civilización europea”. 6  Ibidem, p.6. Pero quizá por otra razón más fundamental: los pueblos chichimecas, a diferencia de los grupos indígenas de la zona central de la llamada Nueva España, resistieron la dominación española durante cinco décadas, de 1550 a 1600. 7 Cfr. Philipp Powell. La guerra chichimeca 1550-1600. Fondo de Cultura Económica, México, 1977.

Es precisamente a finales de este amplio periodo, en que los jesuitas comenzaron a llegar hacia el territorio norteño. El P. Gerónimo Ramírez señala que las primeras misiones a la zona noreste arribaron entre 1594 y 1596. 8 Vale la pena leer la biografía comentada del p. Gerónimo Ramírez, basada en diversas fuentes, en la que se da cuenta de las fechas y de quienes iniciaron las misiones en la zona de Durango, Tepehuanes, Parras y La Laguna. Francisco Zambrano, SJ. Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México. Tomo XII. Siglo XVII (1600-1699), Editorial Tradición, S.A., México 1973, pp. 325-378. En esas fechas llegaron Nicolás Arnaya,  9 Gutiérrez Casillas y Gerard Decorme, cada uno con su obra, citados en Francisco Zambrano, SJ. Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México. histórico de la Compañía de JesúsBiográfico-Temático. Tomo I Tomo XII. Siglo XVII (1600-1699), Editorial Tradición, S.A., México 1973, p. 339.  Juan Agustín de Espinoza y él mismo. Estos jesuitas eran reconocidos por su capacidad para aprender las lenguas indígenas -una estrategia educativa que seguían los religiosos de esta orden- y también por su cualidad para afrontar la desolación. Los misioneros no sólo aludían en sus cartas a las múltiples incomodidades físicas en esta tierra que consideraban inhóspita, sino también el temor a un posible asesinato como el que había sufrido el jesuita Gonzalo de Tapia en Sinaloa, en 1594: “la figura del Padre Tapia y su sangre derramada se [convirtieron] en un elemento de fortaleza en el discurso del general que buscaba ofrecer ánimo a la presencia de los misioneros”. 10 Gilberto López Castillo. “De la ‘ciudad eterna’ a las ‘misiones más remotas’: comunicación epistolar de los generales con los jesuitas de Sinaloa, 1591-1630”. IHS. Antiguos jesuitas en Iberoamérica, vol. 1, núm. 2, 2013, p. 127. La imagen que acompaña este párrafo está tomada del sitio: https://tendenciaelartedeviajar.com/2017/12/historia/misioneros-jesuitas/

Los misioneros citaban repetidamente en sus epístolas la “barbarie” de los grupos con los que tenían que trabajar, pero esta narrativa en ocasiones se contradice con sus crónicas. Una de las primeras referencias de las misiones jesuitas sobre Cuencamé, la proporciona precisamente Ramírez, quien es citado por el P. Francisco Javier Alegre, SJ de esta manera:

Trájonos su Majestad al P. Juan Agustín de Espinoza y a mí (escribe el P. Jerónimo Ramírez a principios de agosto de 1594), a este pueblo de Cuencamé (él escribe “Concuamé”). Está en un valle muy espacioso y muy ancho, coronado de hermosos montes que, por estar algo lejos, hacen una vista apacible, y es todo poblado de grandes pasturas, que conservan siempre el verdor unas fuentes que manan en medio, con que se cultivan las milpas. Tiene mucha caza y grande abundancia de dátiles muy sabrosos, mucha miel, tunas y otras frutas de los indios, que son aquí muy domésticos y afables. No usan arco ni flecha sino para la caza, y visten ropas que por su trabajo les dan los españoles. Son bien agestados y de gentiles talles, y los niños muy hermosos, muchos de ellos de cabello rubio; aunque las familias que hay en este pueblo apenas llegan a treinta. Está este pueblo entre los dos ríos de las Nazas y Guanabal (sic): del primero sólo dista ocho leguas al oriente. Cuando vine, me salieron a recibir algunos a caballo, con gran comedimiento, y a la entrada del pueblo salieron todos, divididos los hombres de las mujeres, y algunos principales me ofrecieron sus dones de pescado, melones y sandías. 11 Francisco Javier Alegre cita a Gerónimo Ramírez en Francisco Zambrano, SJ.  Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México. Tomo XII: Siglo XVII (1600-1699). Editorial JUS, S.A, México, 1965, p. 336. (sic)

En La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial, 1572-1767, el P. Decorme advierte que el P. Juan Agustín sabía algo de zacateco -recordemos que era oriundo de esa región- y que se hizo cargo tanto de los zacatecos como de los laguneros en 1596, mientras que el P. Ramírez lo hacía con los tepehuanes. La carta annua de 1595 –continúa Decorme- menciona a los laguneros y comenta que casi era imposible que Ramírez se hubiera quedado entre ellos, por su “extremada barbarie”, que entiende de esta manera:

Andan desnudos, no tienen pueblos ni casas, ni siembran ni comen más que los frutos que la tierra voluntariamente les produce de maguey, mezquite, lechuguilla y tunas y lo que les ofrece la pesca y la caza que es allí abundante en sus lagunas y montes, y aunque quieran los misioneros vivir entre ellos con toda incomodidad, no están seguros en su compañía sino con mucho peligro de que, por su antojo o por satisfacer su hambre, les maten y coman. 12 Carta Anua de la Provincia de Nueva España de 1595, citada en Gerard Decorme. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial, 1572-1767. Tomo II. Las misiones. Antigua librería Robredo de José Porrúa e hijos, México, 1941, p. 18.

LA MISIÓN DE PARRAS Y LA LAGUNA

El P. Juan Agustín de Espinoza, según las fuentes, trató de adaptarse a estos grupos mediante el aprendizaje del irritila, “lengua del Valle de Parras”, para “poner en ella la doctrina, oraciones, confesionarios y cantos”,  13 Ibidem, p. 19.  mismo trabajo que había hecho Ramírez con el zacateco. De Espinoza promovió la sedentarización de estos grupos e identificó un lugar propicio para “…fijar aquella población trashumante, para poderle dar instrucción y principios de vida social”: 14 Ibidem, p. 18  Parras fue el espacio elegido, porque su fundación quedó registrada en 1598. 15  Ibidem.  En ese lugar, tanto Espinoza como el P. Arista, según informe de este último, mostraron a los indios norteños cómo sembrar, recoger la cosecha y fabricar sus casas e iglesias. Les dieron sustento mientras ellos aprendieron a hacer sus milpas. En estos años confiesa el P. Juan Agustín de Espinoza en una carta personal –tal vez al P. Arista- las tribulaciones que ha padecido:

Guerra me hace el demonio y algunas veces muy cruda. Pocos días ha me vide tan lleno de tedio, tristeza y sequedad […] ¡O qué paciencia y confianza en Dios es menester para estos ministerios! ¡Qué no hay de ocasiones, qué soledad, qué caminos, qué despoblado, qué hombres, qué aguas amargas y de mal olor, qué serenos y noches al aire, qué soles, qué abundancia de mosquitos, qué espinas, qué gentes y niñerías con ellas, qué tratoles (chismes) y contradicciones de hechiceros! Más, si todo fuese flores, mi Padre, ¿qué nos quedaría gozar en el cielo? Hágase en mí la voluntad del Señor. En ella quiero andar y no en la mía perversa, en sus manos que puso la cruz y no en las mías pecadoras. Y así quedo animado para padecer hasta que venga el ángel que hubiere ser mi compañero. 16 Alegre y Rivas, obra de cada autor citada en Gerard Decorme, Op. Cit., p. 23.  (sic)

EN MAYRÁN ENCONTRÓ LA MUERTE

Entre las seis poblaciones que atendieron los jesuitas Espinoza y Arista, se encontraba la Laguna Grande, a la que Arista califica “de las mejores”, por las comodidades de río y laguna. Señala que hay abundancia de peces, caza, frutas y semillas. La gente de esa población, señala, resulta fácil de congregarse.

El P. Agustín de Espinoza falleció en Mayrán, 17 Charles O’Neill, SJ y Joaquín Ma. Domínguez, SJ (directores), Op. Cit., p. 25.  en el año 1602, a sus 37 años, “asistido de un indio”. 18 Gerardo Decorme, Op. Cit, p. 33.  El P. Perez de Ribas, dice Decorme, escuchó hablar vivamente de él 15 años después de su muerte, en Zacatecas. Los indios de esta zona lo habían visto, según se indica en estos informes, “…atravesar la laguna, con el agua hasta los pechos, para ir a auxiliar a los enfermos que vivían en las islas”. 19 Ibidem. En la nota al pie, hay una aclaración del P. Alegre: La laguna en aquella época tenía 40 leguas de vuelta y en las crecientes 50, formando muchas islas y pantanos”.

El Dr. Sergio Corona, durante su gestión como coordinador del Archivo Histórico de la Ibero Torreón, propuso que se le diera el nombre del P. Agustín de Espinoza a este espacio documental: “Para celebrar la trascendental vocación misionera de aquel histórico jesuita, que estuvo dispuesto a consumir su vida en el salvaje septentrión novohispano, donde efectivamente murió, y también la vocación de la Compañía de Jesús a la enseñanza y difusión de los valores del humanismo cristiano”. 20 Centro de Investigaciones Históricas, página web. Recuperado el 27 de junio de 2019 http://sitio.lag.uia.mx/publico/seccionesuialaguna/vidauniversitaria/investigacioneshistoricas/Introduccion.php

Referencias   [ + ]

1. Charles O’Neill, SJ y Joaquín Ma. Domínguez, SJ (directores). Diccionario histórico de la Compañía de JesúsBiográfico-Temático. Tomo I. Institutum Historicum, SJ, Universidad Pontificia de Comillas, 2001, p. 25.
2. David Hernández García. “Agustín de Espinoza, SJ. Identidad regional y globalización”. Acequias 19, 2002, p. 2. http://www.lag.uia.mx/publico/publicaciones/acequias/acequias19/a19p6agustin.html
3. Charles O´Neill, SJ y Joaquín Ma. Domínguez, SJ, Op. Cit.
4. Ibidem.
5. Delfina E. López Sarrelangue. “Las misiones jesuitas de Sonora y Sinaloa, base de la colonización de Baja California. Estudios de Historia Novohispana, Vol. 2, Núm. 2, 1968, p.7.
6.  Ibidem, p.6.
7. Cfr. Philipp Powell. La guerra chichimeca 1550-1600. Fondo de Cultura Económica, México, 1977.
8. Vale la pena leer la biografía comentada del p. Gerónimo Ramírez, basada en diversas fuentes, en la que se da cuenta de las fechas y de quienes iniciaron las misiones en la zona de Durango, Tepehuanes, Parras y La Laguna. Francisco Zambrano, SJ. Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México. Tomo XII. Siglo XVII (1600-1699), Editorial Tradición, S.A., México 1973, pp. 325-378.
9. Gutiérrez Casillas y Gerard Decorme, cada uno con su obra, citados en Francisco Zambrano, SJ. Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México. histórico de la Compañía de JesúsBiográfico-Temático. Tomo I Tomo XII. Siglo XVII (1600-1699), Editorial Tradición, S.A., México 1973, p. 339.
10. Gilberto López Castillo. “De la ‘ciudad eterna’ a las ‘misiones más remotas’: comunicación epistolar de los generales con los jesuitas de Sinaloa, 1591-1630”. IHS. Antiguos jesuitas en Iberoamérica, vol. 1, núm. 2, 2013, p. 127. La imagen que acompaña este párrafo está tomada del sitio: https://tendenciaelartedeviajar.com/2017/12/historia/misioneros-jesuitas/
11.  Francisco Javier Alegre cita a Gerónimo Ramírez en Francisco Zambrano, SJ.  Diccionario Bio-Bibliográfico de la Compañía de Jesús en México. Tomo XII: Siglo XVII (1600-1699). Editorial JUS, S.A, México, 1965, p. 336.
12. Carta Anua de la Provincia de Nueva España de 1595, citada en Gerard Decorme. La obra de los jesuitas mexicanos durante la época colonial, 1572-1767. Tomo II. Las misiones. Antigua librería Robredo de José Porrúa e hijos, México, 1941, p. 18.
13. Ibidem, p. 19.
14. Ibidem, p. 18
15.  Ibidem.
16. Alegre y Rivas, obra de cada autor citada en Gerard Decorme, Op. Cit., p. 23.
17. Charles O’Neill, SJ y Joaquín Ma. Domínguez, SJ (directores), Op. Cit., p. 25.
18. Gerardo Decorme, Op. Cit, p. 33.
19. Ibidem. En la nota al pie, hay una aclaración del P. Alegre: La laguna en aquella época tenía 40 leguas de vuelta y en las crecientes 50, formando muchas islas y pantanos”.
20. Centro de Investigaciones Históricas, página web. Recuperado el 27 de junio de 2019 http://sitio.lag.uia.mx/publico/seccionesuialaguna/vidauniversitaria/investigacioneshistoricas/Introduccion.php
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