Dos catálogos de mosaicos hidráulicos mexicanos: Quintana Hermanos y La Industrial

La fábrica de mosaicos hidráulicos Quintana Hermanos surgió en 1895; pronto tuvieron un “importante catálogo”.

¿Cómo podía una fábrica, a finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, mostrar sus productos de construcción sin transportarlos a lo largo y ancho de México? No hablamos de cemento o de ladrillos, que se pueden evocar fácilmente, sino de una novedad que había llegado de Europa -el mosaico hidráulico- que había adquirido el estatus de “arte aplicada”. Sus piezas artísticas eran coloridas –aunque a veces monocromáticas— de manufactura artesanal, fáciles de limpiar, durables. Parecía imposible mostrar estas cualidades a los posibles clientes sólo en “blanco y negro”, los tonos que manejaba el periódico, único medio visual de la época para llegar a un público más amplio.

 “De la vista nace el amor”, dice el dicho, y quizá por ello las industrias mosaiqueras editaron catálogos comerciales con gruesas pastas, fino papel y buenas imágenes de las piezas que podían ser instaladas en los pisos de las viviendas, así como en plazas y banquetas. La facilidad de los catálogos es que podían llevarse o enviarse a cualquier lugar.  

La Ibero Torreón tiene la fortuna de contar en su archivo con dos catálogos de sendas empresas que iniciaron la factura de mosaicos en México: Quintana Hermanos, de la Ciudad de México y La Industrial, de Valentín Rivero Sucesores, ubicada en Monterrey, Nuevo León. Estos catálogos se salvaron de ir a la basura, lo usual en los impresos de este tipo, después de cumplir su función; fueron resguardados por María Velázquez de Peña y donados por su sobrina, Irene Silva Santamaría. Estos documentos constituyen una invaluable huella que nos ofrece el pasado para reconocer el mosaico hidráulico: un sencillo y a la vez complejo objeto cultural, estético e identitario, que tuvo un impacto en casi todo el mundo y del que todavía podemos encontrar ejemplares en muchas viviendas y edificios de nuestro país. Sin embargo, en México no se ha despertado un interés por su estudio como ha sucedido en España, Estados Unidos y algunos países de América Latina en años recientes. Por esa razón pensamos que vale la pena realizar un primer y breve acercamiento: ¿qué sabemos de estas empresas?, ¿qué contribución hicieron al ámbito del mosaico en México? ¿cuál es el nexo de estos catálogos con la Comarca Lagunera? 

Los mosaicos hidráulicos de los Quintana Hermanos

México fue el primer país americano en que pisaron suelo los mosaicos hidráulicos. 1Antonio Bravo-Nieto. “La baldosa hidráulica en España. Algunos aspectos de su expansión industrial y evolución estética (1867-1960)”. ABE Journal, núm 8, 2015 Las primeras fábricas comenzaron su actividad, unos años antes de que terminara el siglo XIX. No resulta casual que sus propietarios fueran españoles, puesto que la industria de mosaicos llegó a España entre 1863 y 1868 2El periódico La Vanguardia publicó en 1893 que “la industria del mosaico hidráulico había sido importada a España 25 o 30 años antes por don Buenaventura Garreta” La Vanguardia, 1° de octubre de 1893, p. 5 y tuvo un fuerte impacto en diversas regiones de aquel país. En 1890, la industria se encontraba en pleno florecimiento y para 1906 se contabilizaban 220 fábricas, 3Leila el-Wakil. Carreau céramique, carreau ciment et mosaïque décorative xixe-xxe siècles. Diffusion d’un(e) mode décoratif(ve) entre artisanat et industrie, ABE Journal, núm 8, 2015. Fue la época en que comenzó la difusión de una de las llamadas “artes aplicadas” a México, Cuba y otros países americanos.

Los primeros talleres de mosaicos solían instalarse en las ciudades más grandes o en los puertos, porque en ellas se comercializaba el cemento Portland, uno de sus requerimientos. Este material, descubierto en la primera mitad del siglo XIX en Europa, comenzó a producirse en México a principios del XX, unos años después de que se instalaron las fábricas de mosaicos, para evitar su importación y un mayor costo. 4Una revista de arquitectura española señalaba en 1903 que “…los países hispanoamericanos tenían gran necesidad de baldosas hidráulicas y de cemento; y que, como no disponían de fábricas cementeras, compraban este producto en Hamburgo (un 95%) e Inglaterra (un 5%), lo que apunta hacia la existencia de un mercado creciente”. Antonio Bravo-Nieto, Op. Cit

Las ferias eran un escaparate muy importante para las empresas al exterior, pero también hacia el propio país, especialmente si ganaban algún premio, porque les daba posibilidad de ganar proyección y que ésta se tradujera en ventas.  Las exhibiciones eran asombrosas. Es difícil imaginarlas hoy en día, pero para tener una idea de su magnitud,  por la feria de Missouri pasaron casi 20 millones de personas por los más de 1500 edificios construidos para ese propósito, que se encontraban conectados por 120 kilómetros de caminos ((Louisiana Purchase Exposition. (1904, World´s Fair). St. Louis Convention and Visitors Comission)) México, como todos los países invitados, construyó su pabellón en el lugar que le fue asignado. El piso fue instalado de manera gratuita por los Quintana, que lucieron junto con las ventanas artísticas de Claudio Pellandini; de esta manera, todos los visitantes admiraron sus mosaicos simplemente al entrar a la exposición mexicana. Los Quintana, según la revista El Mundo Ilustrado, lograron adjudicarse el primer lugar por unanimidad del jurado “entre todos los expositores que tomaron parte en el Certamen presentando productos análogos”. 5“México en San Luis Missouri. La gran fábrica de los señores Quintana y hermanos”. El Mundo Ilustrado, 2 de julio de 1905, p. 20

Vale la pena leer lo que comentó una persona que visitó aquel pabellón:

El hermoso pavimento á que nos referimos, era estilo árabe, y estaba tan bien acabado, que muchos de los visitantes de la Exposición dudaron, en un principio, de que aquellos mosaicos hubieran sido hechos en nuestro país; pero ante la afirmación de personas respetables, y en vista de la  marca de fábrica, no pudieron menos que rendirse á la evidencia, subiendo de punto su admiración cuando se les informó que las losetas y mosaicos de cemento comprimido para pavimentos y pisos que allí se habían empleado y que tanto contribuían a la belleza del edificio, eran especialidad de los Sres. Quintana, pues en ninguna otra parte del mundo se fabrican aún. Como era natural, abundaron los elogios para los fabricantes, siendo muy numerosas las casas de comisionistas norteamericanos que se dirigieron desde luego á aquellos inteligentes industriales solicitando el envío de muestras y listas de precios”.

“México en San Luis Missouri. La gran fábrica de los señores Quintana y hermanos”. El Mundo Ilustrado, 2 de julio de 1905, p. 20
Hacia 1923 la fábrica Quintana Hermanos era una de las más reconocidas en México. Anuncio, El Siglo de Torreón, 7 de agosto de 1923, p. 5.

Casi veinte años después de aquel certamen, en 1923, los Quintana se daban el lujo de ofrecer sus mosaicos en Torreón con el lema “Caros, pero muy buenos”, compitiendo ya con empresas mosaiqueras de la Comarca Lagunera.

La fábrica de los Quintana llegó a tener 250 trabajadores de planta, entre prensistas, empacadores, choferes, cargadores y personal administrativo, aunados a los del transporte que hacían llegar los mosaicos a los distribuidores locales, más los colocadores de piso y pulidores. 6María Eugenia Herrera, Op. Cit., pp. 37-38. En algún momento de los ochenta años de vida que tuvo la empresa, la planta contó con cuarenta prensas, colocadas en un galerón en dos hileras paralelas de veinte máquinas cada una, manejadas por igual número de operarios, según las memorias del Sr. Melchor Mancilla, quien comenzó a trabajar ahí en 1920 con una permanencia de 44 años. A mediados de los sesenta, la empresa se convirtió en cooperativa y Mancilla tuvo la presidencia durante tres periodos. Según los recuerdos de este trabajador, publicados por María Eugenia Herrera, la empresa, con esta nueva modalidad, alcanzó “producciones y ventas sostenidas, permitiéndole reforzar la infraestructura y otorgar buenas ganancias a los trabajadores”. Era un trabajo duro, ya que tenían que estar de pie las ocho horas de trabajo, en un ambiente “contaminado, húmedo y ruidoso”. 7Ibidem

El catálogo de los Quintana Hermanos, que tenemos en resguardo, es un libro de pasta dura, con 159 páginas -algunas faltantes-, y en el que aparecen 275 diseños de mosaicos, divididos en secciones: labrados, perfilados, imitación mármol, cenefa, entre otros. Sus diseños merecerían una investigación aparte. Aunque la fecha de edición del muestrario no aparece, la ficha catalográfica señala la década 1950-1960 como viable. Es probable que, desde sus inicios, los Quintana Hermanos lucharan por introducir sus mosaicos en todo el país, al mismo tiempo que lo hacía una fábrica que se encontraba a 900 kilómetros de distancia.

Los mosaicos de La Industrial, de Rivero y Sucesores

La Industrial. J. Figueroa Domenech. Guía general descriptiva de la República Mexicana. Tomo II. Ramón de S. N. Araluce, México, 1899, p. 427.

La Industrial surgió en Monterrey, un año antes que Los Quintana. 8Mario Cerutti. Burguesía y capitalismo en Monterrey 1850-1910. Fondo editorial de Nuevo León, México, 2006, p. 164. Fue una de las diversas empresas que tuvieron los sucesores de Valentín García Rivero Álvarez, un español que viajó a México en 1837, en búsqueda de su hermano Víctor, a quien encontró en Monterrey. Se quedó en la zona regia y en 1843 abrió su propia firma, Valentín Rivero y Compañía. En 1855, fundó con otros coterráneos, La Fama, una fábrica de hilados y tejidos, “la primera gran empresa regiomontana”, 9Miguel Ángel González Quiroga, César Morado Macías. Nuevo León ocupado. Aspectos de la guerra México-Estados Unidos. Editorial Nuevo León, México, 2006, p. 142 y ya con esta experiencia montó El Porvenir, de hilados, en 1874, cuyas muestras, por cierto, también se llevaron a la Exhibición de San Louis Missouri. Después fundó las compañías de almidón, El Hércules, y los molinos de trigo, Jesús María.  Valentín Rivero tenía 80 años cuando se instaló la fábrica de mosaicos hidráulicos La Industrial 10Mónica Ovalle Salas. El último vestigio del molino ‘El Hércules’ en Monterrey, Nuevo León. Boletín de Monumentos Históricos, Tercera Época, núm. 10, mayo-agosto2007, p. 6;  Armando V. Flores Salazar. Calicanto. Marcos culturales en la arquitectura regiomontana. Siglos XV y XX. Universidad Autónoma de Nuevo León. México, 1998, p. 80; Isidro Vizcaya Canales. “Los orígenes de la industrialización de Monterrey”. Gobierno del Estado de Nuevo León/Secretaría de Educación/Fondo Editorial ITESM, México, 2006, p. 91 por lo es probable que, desde su inicio, la manejaran sus sucesores.

El ámbito de la construcción tuvo mucho dinamismo en Monterrey en la última década del siglo XIX y la primera del XX.  En esa época se establecieron las grandes empresas de ladrillos, las fundidoras de fierro y acero, la de vidrios y cristales, y por supuesto Cementos Hidalgo, cuya producción de material era indispensable para los edificios. Ya comentamos que los mosaicos hidráulicos requieren de cemento Portland, y por ello Vicente Rivero Gajá, hijo de Valentín Rivero, sería uno de los empresarios interesados en el despegue de Cementos Hidalgo, que comenzó actividades en 1907. Por cierto, varios laguneros participaron en el primer consejo de administración de esta empresa: Juan F. Brittingham, Pablo Martínez del Río, Pedro Torres, Gilberto Lavín, Luis Garza, Juan Terrazas y Francisco Gómez Palacio. 11Javier Rojas. “Pioneros de la industrial del cemento del Estado de Nuevo León, México: Cementos Hidalgo, S. C. L.”. Ingenierías. Vol. XIII, núm. 49, octubre-diciembre 2010, pp. 35 y 36; Gustavo Alarcón Martínez. “Oportunidad y desafío Nuevo León en el umbral de su cuarta industrialización”. Trayectorias. Año IX, núm. 25, septiembre-diciembre 2007, p. 62

La Industrial, fábrica de mosaicos hidráulicos, nació en 1894, en Monterrey, Nuevo León. Esta imagen pertenece a uno de sus álbumes. Valentín Rivero y Sucesores, Monterrey, Nuevo León, ca. 1938. Ibero Torreón. Archivo Histórico Juan Agustín de Espinoza, SJ (AHJAE). Fondo 53. Irene Silva Santamaría.

La Industrial también realizó catálogos para llegar a otros lugares de la República Mexicana. El que tenemos en el archivo de la Ibero Torreón es un libro también de pasta dura, con cerca de 170 modelos distintos y con fecha aproximada de edición hacia finales de los años treinta. El catálogo auxiliaba la comunicación entre la fábrica y sus clientes, pues en sus primeras páginas, solicitaba a sus compradores que al realizar los pedidos señalaran “el número del dibujo y la página de nuestro álbum”. 12La Industrial. Fábrica de mosaicos hidráulicos perfeccionados. V. Rivero Sucesores, Monterrey, Nuevo León, s/f, p.1. La fábrica adoptó la medida de 20 x 20 cm, la más usual en este tipo de baldosas, y con ellas podían elaborar formas parecidas a alfombras con cenefas. En el muestrario destacan las cualidades de su producto. Por un lado, la dureza, ya que decían estar elaborados con materiales de primera calidad y a una presión de 250 kilogramos por centímetro cuadrado para compactarlos (por eso también se les llamaba “mosaicos comprimidos”); la durabilidad, ya que debido a la presencia del cemento Portland la resistencia aumentaba con el tiempo debido a su hidraulicidad: “… un piso de nuestros mosaicos es más bello y resistente a los dos años de uso que recién colocado”; por último, se preciaban de sus muchas aplicaciones y surtido de dibujos compuestos que daban lugar a infinitos modelos en donde “…caben todas las combinaciones geométricas imaginables”.13Ibidem, p. 6.

El modelo # 3, en color natural y con color, se popularizó en la Comarca Lagunera en plazas y parques. La Industrial, fábrica de mosaicos hidráulicos, ca. 1938. Ibero Torreón. Archivo Histórico Juan Agustín de Espinoza, SJ (AHJAE). Fondo 53. Irene Silva Santamaría.

Además de los mosaicos hidráulicos, esta empresa ofrecía unas baldosas en relieve, en su color natural -aunque a veces añadían un matiz-, más económicas y propias para “banquetas, cocheras, cabellerizas, patios, azoteas”.

Un buen consejo

Si caminar deseas con ventura

Huyendo siempre del destino adverso

De tu casa en el piso bien procura

Lleva cada mosaico en el reverso

Un emblema de fama… una herradura 14Ibidem

Es probable que La Industrial haya adoptado otros tipos de razón social a lo largo de su trayectoria, como Mosaicos Rivero o Mosaicos Rivero y Gracián. Esta última denominación tuvo una sucursal en Torreón entre 1943 y 1945. No era una agencia, sino probablemente una pequeña fábrica: el haber contado con un equipo de beisbol local revela que como mínimo tenían 9 empleados. En los anuncios puede observarse la duda que surgió entre los laguneros acerca de que la naturaleza de sus mosaicos no fuera la misma que en la sucursal central, ubicada en Monterrey. A lo que ellos alegaban: “calidad igual a la de nuestra matriz”.

Esta empresa siguió en funciones varias décadas, 15Existen algunos anuncios en la web que anuncian la empresa Mosaicos Rivero, S.A de C.V con dirección en la calle Valentín C. Rivero, cuyo nombre seguramente fue puesto como homenaje al fundador de la fábrica La Industrial, sin embargo, los teléfonos no corresponden a este lugar. También se encontró un reporte anual de Banregio, del año 2016, donde se menciona que Jaime Alberto Rivero Santos es presidente del Consejo de Administración de Mosaicos Rivero, S.A., y es miembro activo o consejero de diversas, empresas, asociaciones industriales, educativas fundaciones y organizaciones filantrópicas, aunque es probable que ya no ofrezca mosaicos de tipo hidráulico. Lo que sí sabemos es que uno de estos modelos, el número 3 de esta página, sobrevive y ocupa un lugar especial entre los laguneros: el panal octagonal y las flores que se forman con un cuarteto de mosaicos permanecen en la Calzada Colón, la Plaza del Eco y en muchas banquetas de nuestra región.

Mosaico hidráulico con panal octagonal y flores formadas en cuarteto, bicolor, Plaza Kennedy, Torreón, Coahuila. Otros similares se encuentran en la Plaza del Eco y en la Calzada Colón de esta ciudad.

Referencias   [ + ]

1. Antonio Bravo-Nieto. “La baldosa hidráulica en España. Algunos aspectos de su expansión industrial y evolución estética (1867-1960)”. ABE Journal, núm 8, 2015
2. El periódico La Vanguardia publicó en 1893 que “la industria del mosaico hidráulico había sido importada a España 25 o 30 años antes por don Buenaventura Garreta” La Vanguardia, 1° de octubre de 1893, p. 5
3. Leila el-Wakil. Carreau céramique, carreau ciment et mosaïque décorative xixe-xxe siècles. Diffusion d’un(e) mode décoratif(ve) entre artisanat et industrie, ABE Journal, núm 8, 2015
4. Una revista de arquitectura española señalaba en 1903 que “…los países hispanoamericanos tenían gran necesidad de baldosas hidráulicas y de cemento; y que, como no disponían de fábricas cementeras, compraban este producto en Hamburgo (un 95%) e Inglaterra (un 5%), lo que apunta hacia la existencia de un mercado creciente”. Antonio Bravo-Nieto, Op. Cit
5. “México en San Luis Missouri. La gran fábrica de los señores Quintana y hermanos”. El Mundo Ilustrado, 2 de julio de 1905, p. 20
6. María Eugenia Herrera, Op. Cit., pp. 37-38.
7. Ibidem
8. Mario Cerutti. Burguesía y capitalismo en Monterrey 1850-1910. Fondo editorial de Nuevo León, México, 2006, p. 164.
9. Miguel Ángel González Quiroga, César Morado Macías. Nuevo León ocupado. Aspectos de la guerra México-Estados Unidos. Editorial Nuevo León, México, 2006, p. 142
10. Mónica Ovalle Salas. El último vestigio del molino ‘El Hércules’ en Monterrey, Nuevo León. Boletín de Monumentos Históricos, Tercera Época, núm. 10, mayo-agosto2007, p. 6;  Armando V. Flores Salazar. Calicanto. Marcos culturales en la arquitectura regiomontana. Siglos XV y XX. Universidad Autónoma de Nuevo León. México, 1998, p. 80; Isidro Vizcaya Canales. “Los orígenes de la industrialización de Monterrey”. Gobierno del Estado de Nuevo León/Secretaría de Educación/Fondo Editorial ITESM, México, 2006, p. 91
11. Javier Rojas. “Pioneros de la industrial del cemento del Estado de Nuevo León, México: Cementos Hidalgo, S. C. L.”. Ingenierías. Vol. XIII, núm. 49, octubre-diciembre 2010, pp. 35 y 36; Gustavo Alarcón Martínez. “Oportunidad y desafío Nuevo León en el umbral de su cuarta industrialización”. Trayectorias. Año IX, núm. 25, septiembre-diciembre 2007, p. 62
12. La Industrial. Fábrica de mosaicos hidráulicos perfeccionados. V. Rivero Sucesores, Monterrey, Nuevo León, s/f, p.1
13. Ibidem, p. 6
14. Ibidem
15. Existen algunos anuncios en la web que anuncian la empresa Mosaicos Rivero, S.A de C.V con dirección en la calle Valentín C. Rivero, cuyo nombre seguramente fue puesto como homenaje al fundador de la fábrica La Industrial, sin embargo, los teléfonos no corresponden a este lugar. También se encontró un reporte anual de Banregio, del año 2016, donde se menciona que Jaime Alberto Rivero Santos es presidente del Consejo de Administración de Mosaicos Rivero, S.A., y es miembro activo o consejero de diversas, empresas, asociaciones industriales, educativas fundaciones y organizaciones filantrópicas
Laura Orellana Trinidad
Sobre el autor

Licenciada en Sociología, maestra en Historia y doctora en Historia por la Ibero Ciudad de México. Es directora de Investigación Institucional de la Ibero Torreón y coordinadora del Archivo Histórico Juan Agustín de Espinoza, SJ. de la misma universidad.

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